En el escenario majestuoso del Levi's Stadium, en Santa Clara, los Seattle Seahawks y los New England Patriots se citan para un partido que no solo define un campeón, sino que vuelve a poner sobre la mesa una pregunta eterna en la NFL: ¿qué pesa más en el gran partido, el talento físico o la ejecución cerebral? Seattle llega como una fuerza atlética casi intimidante, una franquicia que cree en la velocidad, la agresividad defensiva y la imposición física. New England, en cambio, aterriza como una maquinaria quirúrgica, una organización que entiende el fútbol americano como un problema matemático a resolver snap a snap.
El corazón de esta Súper Bowl LX late en los enfrentamientos directos entre esquemas, en cómo cada staff intenta forzar al rival a jugar incómodo. Más que nombres propios, el partido se define por conceptos: qué ofensiva logra dictar las reglas y qué defensa consigue romper automatismos. El duelo Seahawks–Patriots es, en esencia, una batalla entre estructura contra improvisación, entre disciplina espacial y caos controlado.
No hay nada como jugar una Super Bowl, ya que la gloria espera al vencedor y la decepción al perdedor. Es un momento único e irremplazable. Última previa del año. La más importante. La previa de la Super Bowl LX.
Cuando Patriots tenga el balón
Seattle construyó su camino hasta aquí desde la defensa. Su identidad sigue girando alrededor de un sistema Cover 3 altamente disciplinado, con variantes post-snap que buscan confundir lecturas sin sacrificar integridad estructural. Muchas veces esas coberturas de un solo safety en la zona profundan rotan post snap para convertirse en una cobertura con dos safeties en la retaguardia y con esquemas de blitz en el front-7, aprovechando la versatilidad de una plantilla muy compensada en todas sus líneas. A nivel de métricas avanzadas, los Seahawks han terminado la temporada regular entre los tres mejores equipos en DVOA defensivo, permitiendo menos de 0,20 EPA por jugada en situaciones neutras. No es una defensa de "splash plays" constantes, sino una que asfixia drives: top 5 en tasa de éxito permitido en terceros downs y líder de la liga en porcentaje de drives rivales que terminan en despeje.
La famosa Legion of Boom comenzó a dejar de existir justo cuando los Patriots fueron capaces de batir a Seattle en aquella Super Bowl 49 y, aunque esa unidad ya no es la misma en nombres, sí que podemos encontrar algunos de sus principios en esta defensa de Mike Macdonald. La secundaria de Seattle juega con una profundidad media mayor que la liga, concediendo recepciones cortas a cambio de limitar el daño explosivo. Los quarterbacks rivales apenas superan las 6,5 yardas por intento cuando atacan el perímetro exterior, y el porcentaje de pases completados más allá de 20 yardas es inferior al 9%. Esa disciplina obliga a la ofensiva contraria a ejecutar series largas, algo que pocos equipos hacen mejor que New England, pero que requiere una precisión casi perfecta durante sesenta minutos.
El pass rush de Seattle es el motor oculto del sistema. No necesita blitzear en exceso, manteniéndose en torno al 22% de envíos adicionales, muy por debajo del promedio de la liga. Aun así, genera presión en más del 34% de los dropbacks rivales, gracias a la capacidad de sus edge rushers para ganar en uno contra uno y a una rotación interior constante que mantiene las piernas frescas a sus principales estrellas. Esa presión sin comprometer cobertura será uno de los factores clave del partido, especialmente ante un ataque que basa gran parte de su éxito en la lectura rápida y el timing.
New England llega a la Super Bowl LX como el equipo más adaptable del torneo. No tiene una identidad rígida en su ofensiva, sino un enfoque camaleónico que varía semana a semana. Desde el punto de vista analítico, los Patriots son líderes en eficiencia situacional. En terceros downs y en zona roja, su EPA por jugada supera ampliamente la media, y su tasa de éxito en jugadas de pase corto es casi automática. El ataque no busca espectacularidad, sino continuidad. Drives de diez o doce jugadas no son una excepción, sino parte del plan. La ofensiva de los Patriots es una de las que mejor juegan el spacing. No buscan estirar el campo constantemente, sino vaciar zonas concretas. Contra la Cover 3 base de Seattle, el concepto central será atacar las ventanas entre el hook defender y el safety profundo. Para ello, utilizan combinaciones de rutas cruzadas, digs y option routes desde el slot, obligando a los defensores a tomar decisiones en fracciones de segundo. Mediante motion y formaciones flexibles de tight ends y running backs, este ataque fuerza a la defensa a revelar sus intenciones. Si Seattle mantiene su estructura clásica, los Patriots aceptarán el pase corto e irán construyendo sus drives en base a eso. Si la defensa ajusta bajando un safety o cerrando el centro, New England responde con rutas exteriores de timing perfecto, especialmente en lanzamientos back-shoulder, los cuales neutralizan la ayuda defensiva por el medio, o con situaciones más verticales para aprovechar la velocidad de Boutte o de Kyle Williams.
El gran reto para la defensa de Seattle es mantener su integridad sin volverse predecible. Si su pass rush tardase en generar presión, los de McDaniels pueden reducir el tiempo de lanzamiento con un juego de pase rápido en conceptos slant-flat, outs cortos o screens, los cuales forman parte del menú inicial, no solo para ganar yardas, sino para ralentizar a los pass rushers. En términos de EPA, New England lidera la liga en pases lanzados en menos de 2,5 segundos, un dato que explica por qué incluso las mejores defensas tienen dificultades para impactar al quarterback.

En la secuencia de arriba, vemos a Demario Douglas alineado en el pocket para buscar ventajas en el juego aéreo. Una vez que se inicia el snap, el wide receiver del lado izquierdo juega una ruta al interior donde arrastra a un defensor y hace que el safety no se pueda mover por la amenaza de una posible ruta a la end zone. Por su parte, Douglas juega hacia el exterior y queda emparejado con un hombre de la línea defensiva. La ventaja ya esta clara para Maye, quién lee primero al safety y luego la ruta de Douglas. El quarterback pone un pase perfecto y Douglas consigue el touchdown.
Seattle intentará romper ese ritmo con press coverage en el exterior y rotaciones post-snap. El riesgo es alto. Si los cornerbacks fallan en la línea, la ayuda profunda llega tarde. Si juegan demasiado conservadores, los Patriots pueden quemar reloj y mantener a la defensa en el campo, con el desgaste que eso supone. Una de las armas más interesantes de Seattle es el uso de fronts variables en primeros downs, siendo capaces de mezclar looks 4-3 y 3-4 para confundir las protecciones en la línea ofensiva y hacer que todo sea más complicado para Drake Maye.
Drake Maye es el cerebro de toda la operación. Su lectura pre-snap y su capacidad para identificar mismatches defensivos reducen la ventaja atlética del rival. A pesar de ser extremadamente joven y de no tener experiencia ninguna en esta fase de la temporada, su aplomo para conseguir siempre la jugada correcta es algo casi irreal. Contra coberturas Cover 3, Maye ha producido algunos de sus mejores números: alto porcentaje de pases completados en ventanas intermedias, con especial énfasis en rutas cruzadas y conceptos de flood que estresan al linebacker y al cornerback del lado fuerte. En el juego aéreo, se me antoja fundamental una mayor aparición de Hunter Henry, quien ha sido básico durante la temporada regular, pero no tanto en estos playoffs. Josh McDaniels necesita que su tight end titular pueda generar acciones donde encuentre espacios para ganar yardas después de la recepción.
El juego terrestre de New England no es dominante en volumen, pero sí en eficiencia contextual. Solo les hizo falta un buen drive en la final de conferencia para demostrar que la carrera debe ser importante para ellos en este partido también. Los Patriots corren menos que Seattle, pero lo hacen en momentos clave. En situaciones de caja ligera, su EPA por acarreo se dispara, y su tasa de éxito en carreras por el interior es sorprendentemente alta. No buscan imponer miedo físico, sino castigar defensas que se obsesionan con el pase. Este enfoque será esencial para mantener a la defensa de Seattle honesta y evitar que los pass rushers jueguen con libertad total. Además, Rhamondre Stevenson se está erigiendo en indespensable como bloqueador en terceros downs, algo que van a necesitar ante la amenaza constante al quarterback rival que es la defensa de Seattle. Aquí entra Nick Emmanwori, quien le da a Mike Macdonald la capacidad de tener un jugador muy rápido en cobertura de pase, y con eficacia para ir al blitz, y uno que pueda jugar cerca de la línea de scrimmage por su talento físico contra la carrera. Este comodín facilita la labor del resto de jugadores de secundaria y elimina muchos mismatches en el juego aéreo.

Los Seahawks colocan a dos linebackers en la línea defensiva amenazando el blitz y a un solo safety en la zona profunda. Cuando se inicia el snap, la defensa cambia. El otro safety cae, el edge rusher del lado derecho de la defensa también cae en cobertura de pase, junto uno de los linebackers que estaba amenazando el blitz, y es Nick Emmanwori quien va a presionar al quarterback desde la segunda línea. Los movimientos de presión hacen que el guard y el tackle derecho abran el gap B que es por donde entra Emmanwori. El quarterback no tiene pase en ningún lado del campo y recibe el sack.
En zona roja, el duelo se intensifica. Seattle es una de las mejores defensas en reducción de espacio, gracias a su longitud física y su disciplina en coberturas. New England, por su parte, es excepcional creando confusión con formaciones cerradas y rutas cruzadas a distintas alturas. Aquí los Patriots suelen atacar al defensor más débil, no al esquema. Cambian rápidamente el punto de ataque, forzando a la defensa a comunicarse bajo máxima presión. Además, McDaniels suele sorprender con algún diseño para que Maye pueda correr, ya sea en draws o en alguna situación de zone read para atacar la reacción contra la carrera. La defensa de Seahawks necesita no perder sus asignaciones y reconocer siempre donde está el balón para evitar que los Patriots saquen buen rendimiento de sus viajes a las últimas 20 yardas.
Cuando Seahawks tenga el balón
En este lado del campo, el punto de partida es el juego terrestre de Seahawks y su capacidad para moldear la defensa rival. Los Seahawks no corren solo para ganar yardas, sino para alterar la geometría defensiva. Utilizan con frecuencia formaciones pesadas con motion previo al snap para identificar cobertura y ajustar bloqueos en el segundo nivel. La idea es sencilla: obligar a New England a comprometer recursos en la caja. Cuando eso ocurre, Seattle activa su juego de play-action, uno de los más eficientes de la liga en términos de EPA por dropback. Klint Kubiak está siendo un factor diferencial a partir de esos esquemas cuando Sam Darnold finta entregar el balón al running back para quedárselo él. La capacidad del coordinador ofensivo de generar espacios para Jaxon Smith-Njigba es excepcional. Los motion previos al snap le dan a Darnold la lectura correcta y el esquema de rutas le dan el objetivo más fácil.
En situaciones de play-action desde debajo del center, el ataque genera casi el doble de EPA que en pases en shotgun, una diferencia significativa.


En la secuencia de estas dos imágenes, vemos a Smith-Njigba convertir una big play atacando en profundo. Seattle forma con dos tight ends pegados a la línea ofensiva y con dos receptores abiertos. Cuando se inicia el snap, el play action hace que los linebackers salten a la posible carrera. Darnold se queda el balón y congela a los dos safeties dirigiendo sus ojos a la ruta interior del receptor contrario a Njigba. Cuando ese safety quiere girar caderas y correr para atrás persiguiendo a Ngijba, ya es tarde. La protección a Darnold es muy buena, así como el pase.
Aquí entra el primer gran duelo táctico. La defensa de New England es experta en no morder el anzuelo. Sus linebackers juegan con paciencia extrema, leyendo claves de línea ofensiva en lugar de seguir el movimiento del backfield. El trabajo de Mike Vrabel con esta unidad es exquisito. Esto reduce la eficacia del play-action tradicional, especialmente en rutas intermedias. Para contrarrestarlo, Seattle ha incorporado conceptos de split-flow y bootlegs con rutas profundas desde el lado débil, buscando castigar esa paciencia con lanzamientos fuera de estructura. El problema es que estos diseños exponen al quarterback a lecturas más largas, algo que la defensa de los Patriots intentará explotar con presión algo más contenida y con mucha disciplina en el exterior de la línea defensiva.
El pass rush de New England no es particularmente dominante en uno contra uno, pero destaca en coordinación. Utilizan stunts interiores y exteriores, así como simulaciones de blitz que no buscan el sack inmediato, sino colapsar el pocket desde dentro y obligar al quarterback a desplazarse lateralmente. Contra un pasador que es peligroso fuera del pocket, como es el caso de Darnold, el objetivo no es perseguirlo, sino encerrarlo dentro del pocket y obligarlo al error.
En este sentido, los Patriots priorizarán rushes de cuatro hombres con responsabilidades claras, sacrificando agresividad por control, siendo Milton Williams y Christian Barmore quienes intenten crear el caos.

En la secuencia de arriba, vemos a los Patriots alineando a Barmore (círculo rojo) en el hombro interior del tackle derecho, mientras que Harold Landry (círculo verde) alinea en el exterior. Cuando se inicia el snap, ambos juegan un stunt, siendo Landry quien juega el loop para atacar el gap que se abre entre el center y guard derecho. Landry penetra en el pocket, pero el quarterback evita el sack y busca salir de ahí. Barmore está leyendo lo que hace el pasador, cierra su scramble y lo obliga a volver al interior, donde Landry puede alcanzarlo y así derribarlo.
En el juego aéreo puro, Seattle apuesta por conceptos verticales desde formaciones cerradas. Trips y bunch sets son habituales, diseñados para generar un release limpio contra cobertura al hombre. Sin embargo, New England es uno de los equipos que mejor defiende estas situaciones gracias a su comunicación en la secundaria. Utilizan "banjo calls" para intercambiar asignaciones y evitar que las pick plays generen separación automática. Esto va a obligar a los receptores de Seattle a ganar individualmente, algo que no siempre es consistente, especialmente contra corners físicos en la línea de scrimmage.
Donde Seattle puede encontrar ventaja es en el uso del quarterback como corredor implícito. No tanto en carreras diseñadas, sino en la amenaza constante del scramble. New England suele jugar cobertura al hombre en terceros downs, con la espalda girada de los defensores. Si el pass rush pierde efectividad, y no mantienen a Darnold en el pocket, puede convertir situaciones largas en primeros downs con las piernas.
Los Patriots, probablemente, cargarán la caja en primeros downs, utilizando fronts híbridos y safeties agresivos, confiando en su capacidad para jugar cobertura hombre a hombre en el exterior. La disciplina en los ángulos de placaje será fundamental. Las métricas respaldan esta estrategia. New England es uno de los equipos más eficientes defendiendo la carrera en términos de EPA permitido, y su tasa de éxito defensivo en primeros downs es top 5. Al obligar a Seattle a enfrentar más terceros downs largos, aumentan la probabilidad de errores, sacks o decisiones apresuradas. Además, los Patriots destacan disfrazando sus coberturas, mostrando looks de dos safeties que rotan post-snap hacia coberturas más agresivas, un detalle que puede generar lecturas tardías.
En equipos especiales, los dos equipos cuentan con auténticas estrellas retornando patadas. Marcus Jones y Rhasid Shaheed han demostrado que pueden cambiar el rumbo de cualquier partido y de darle a sus equipos ya no solo buenas posiciones de ataque, si no también pueden subir puntos al marcador. En un partido así, el más mínimo detalle cuenta, por lo que estos equipos especiales pueden ser los que desequilibren la balanza a favor de unos o de otros.
Desde una perspectiva analítica global, el enfrentamiento es fascinante. Seattle domina en métricas de explosividad defensiva y control del ritmo a través de la carrera. New England sobresale en eficiencia por jugada, toma de decisiones y ejecución situacional. Cuando se comparan EPA/play en situaciones neutrales, los Patriots mantienen una ligera ventaja ofensiva, mientras que Seattle presenta una defensa marginalmente superior.
A priori, la Súper Bowl LX no promete ser un festival de puntos, sino una partida de ajedrez físico y mental. Seattle intentará imponer su voluntad desde la intensidad y el contacto, buscando romper el ritmo metódico de los Patriots. New England responderá con calma, ajustando sobre la marcha y explotando cualquier tendencia predecible. Este duelo se decidirá menos por grandes jugadas que por pequeñas victorias tácticas acumuladas. Un ajuste bien leído, una cobertura que confunda al quarterback rival, un ángulo correcto en el pass rush. Ahí, en esos detalles invisibles para el espectador casual, se define el campeón. En el Levi's Stadium, bajo el foco máximo del mundo del deporte, no ganará necesariamente el equipo más talentoso, sino el que mejor entienda quién es y juegue fiel a esa identidad durante sesenta minutos que prometen ser históricos.





